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MADRID CORTESANA Y LICENCIOSA

  • Categoría de la entrada:ESTILO DE VIDA
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Madrid es capital, villa y corte. Dentro de su agitada e interesante historia está la de sus cortesanas. Ellas fueron parte del estilo de vida de la ciudad y protagonistas de historia de la vida sexual de sus reyes, sus nobles y ciudadanos.

MADRID CORTESANA Y LICENCIOSA

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Dirck van Baburen - Merry Company

PRIMERAS ÉPOCAS

Fue en 1561 cuando Madrid se convirtió en corte de forma permanente por decisión de Felipe II. Y desde entonces además de capital ha sido una ciudad alegre, dicharachera y también licenciosa que ha ido creando su propio y personal estilo de vida. Y con la corte, inevitablemente, llegaron las cortesanas siendo unas de altos vuelos y más cercanas al nivel de calle otras. En esa época se contaban sólo tres mancebías, que de esa forma eran conocidos los burdeles, y que llegaron a ser cerradas temporalmente por indicación del Beato Simón de Rojas; muy influyente en palacio.

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Coristas - José Gutierrez Solana

Vanos fueron los desvelos del Beato ya que a lo largo del tiempo la villa y corte se fue llenando de tabernas y mesones en un reflejo de la jovialidad de sus habitantes. Y claro, en algunos de esos establecimientos además de vino se comenzó a comerciar con los encantos de la carne. Para evitar equívocos los lupanares en los que además de vino se podían contratar aquellos otros servicios más personales, comenzaron a colocar ramos de flores o de arbustos en las puertas. De ahí que no se llamen remeras, de remo, sino de ramo. Ya me entienden.

La afición cortesana fue creciendo hasta el punto de que el Rey Felipe IV pudo contar muy satisfecho, era muy aficionado, unas ochocientas mancebías. Por lo que las dotó de una regulación propia y de un servicio médico.

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La Calderona y Felipe IV

El aristócrata y viajero francés Antoine de Brunel lo describía así en 1655,

“No hay ciudad en el mundo donde se ven más meretrices a cualquier hora del día. Las calles y paseos están llenos. (…) Estas pecadoras campan con entera libertad por Madrid porque las grandes damas y las mujeres de pie apenas salen”. 

Las damas y señoras al salir lucían manto entero, mientras que las mujeres de vida alegre usaban unas mantillas oscuras terminadas en unos “picos pardos”.

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Mujeres en la ventana - Murillo

Al igual que en la propia sociedad había distintos escalones o estamentos. No eran lo mismo las barranquillas de Lavapiés que las cortesanas de la aristocracia. Así el rey Felipe IV de Austria le levantó la manceba al Duque de Medina de la Torre; se llamaba María Inés Calderón, motejada como La Calderona. Comenzó como actriz en los corrales de comedias y decía el duque que
poseía unas ciertas habilidades secretas, algo que levantó la lascivia del rey. Y de tanto disfrutar de la especial pericia alumbró una criatura que tomó el nombre de Juan José de Austria. María Inés finalmente, ingresó en un convento de la Alcarria del que llegó a ser abadesa. Tal vez eso generó en el rey algún deseo sacrílego ya que comenzó unas frecuentes relaciones con Sor Margarita de la Cruz en el Convento de San Plácido.

CAMBIO DE DINASTÍA

En el año 1700 fallece sin descendencia el Rey Carlos II. La guerra de sucesión comienza en 1701 y concluye en 1713 con el Tratado de Utrech. Los combatientes eran por un lado Felipe de Anjuo, nuestro primer Borbón, y el Archiduque Carlos de Austria. Madrid era una ciudad declarada y fervientemente borbónica que estuvo ocupada en varias ocasiones por el ejército austriaco. Las muchas prostitutas de la ciudad tenían una función importante que realizar y conscientes de eso, las jefas de todos los establecimientos se organizaron.  Las meretrices infectadas de sífilis o gonorrea serían las únicas que atendieran a los soldados austriacos. Así, polvo a polvo, provocaron más de 6000 bajas entre las tropas del archiduque. Ayuda putil, nunca agradecida.

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Arco de Cuchilleros - Madrid

Establecida la dinastía Borbón vinieron aires nuevos de otras cortes y otras costumbres que provocaron algunos cambios en las nuestras. Por ejemplo, en el reinado de Carlos IV no fue él sino su mujer, María Luisa de Parma, la que se hizo famosa por sus liberalidades y deslices amatorios. Pero es su hijo, Fernando VII, el que protagoniza las escenas más castizas y populacheras del siglo. Le gustaba salir largas horas de taberna en taberna con un curioso grupo en el que estaba un duque apodado Paquito de Córdoba, el jefe de su guardia de corps e incluso un antiguo aguador de nombre Chamorro, locuaz y dicharachero que además de ejercer de agradaor le daba un toque popular y plebeyo a la pandilla. 

En una ocasión el Rey se las tuvo tiesas, y no van por ahí los tiros, con el propio bandolero Luis Candelas ya que el monarca se encapricho de su amante Lola La Naranjera. Pero bueno, una cosa era asaltar caminos y otra enfrentarse a un Rey. Por lo que fue mejor pasar corriendo el Arco de Cuchilleros mirando para otro lado. Si bien es cierto que poco le duraban a D. Fernando esos caprichos ya que siempre volvía a las sábanas de Pepa La Malagueña y sus pupilas ya que esta regentaba el mejor burdel de aquel Madrid.

SIGLO XX CAMBALACHE, PROBLEMÁTICO Y FEBRIL

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Consuelo Vello "La Fornarina"

En el primer cuarto del pasado siglo, en el que Europa se vio envuelta en la Gran Guerra, Madrid era una ciudad muy vital, con tardes de toros y noches de variedades. Comenzaron a proliferar los llamados café cantante, en los que se representaba el género ínfimo. Cuplés y canciones eróticas que cantaban jóvenes y atractivas artistas que hacían las delicias del público. Algunas de ellas habían comenzado su carrera, haciéndola. Y en otros casos la terminaron, como la Bella Otero que fue la cortesana que más alcobas reales europeas haya visitado nunca. La también cupletista del momento Consuelo Vello La Fornarina, le explicó muy claro a Carmen de Burgos Colombine,

«De tales zorrotonadilleras y putobailarinas digo yo lo que María Colombier: de que una artista tenga derecho a ser ramera no se deduce que las rameras puedan ejercer de artista”.

A las cupletistas, la música, las picardías se unía de forma inseparable en algunos locales como el Kursal la frecuente presencia de escritores y pintores como Valle Inclán, Romero de Torres, Ricardo Baroja que ayudan a construir el ambiente de esa época.

OTRAS CONSIDERACIONES Y ANECDOTAS DE MADRID

Un estudio aparte merece la presencia y aportaciones de todos estos ambientes en nuestra literatura y en otras artes como la pintura. Desde el Siglo de Oro con La Celestina, El Libro del Buen Amor, La Lozana Andaluza y aquellos divertidos Poemas Satíricos de Quevedo, hasta Galdós en cuyas obras aparecen meretrices entre sus personajes en bastantes ocasiones representadas con aquella sensibilidad y realidad de su costumbrismo. Incluso el Madrid yeyé del tardofranquismo con whiskerías y boites tuvo su oportunidad en la novela Madrid Costa Fleming de Ángel Palomino.

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Majas al Balcón - Francisco de Goya

Pero no habiendo ese tipo de “costas” al comienzo del régimen, podemos constatar que no era óbice para que sí que hubiera actividad, incluso provocaron el primer cese ministerial de esa época. El primer ministro de educación del franquismo era el monárquico Don Pedro Sainz Rodríguez que, al igual que el poeta Dámaso Alonso, era muy aficionado el puterío. Haciendo un viaje el matrimonio Franco a San Sebastián les precedía, también en automóvil, el ministro de educación. Parece que este tuvo un apretón porque la Generalísima reparó que un local de alterne de la carretera se encontraba parado el coche de Sainz Rodríguez y le espetó a su marido.

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Carmen y Franco

Paco algún día tenemos que parar en ese restaurante. ¡Si está Pedro con lo que le gusta comer bien…!

Franco se atusó la esquina del bigote y al regresar a Madrid le cesó, pero no por monárquico sino por putañero.

J.A.G-A