Son Las Merindades una espectacular y muy especial comarca del norte de Burgos con naturaleza excepcional, arte único y de lo mejor e historia fundamental.
EL VALLE DE MENA
Situado en el extremo norte de la provincia de Burgos linda con las Encartaciones Vizcaínas por lo que podemos acceder al valle desde ellas si venimos del norte o descendiendo por puerto de El Cabrio si lo hacemos desde el sur gozando, en ese caso, de unas vistas de casi toda la verde vega y en paralelo a la antigua calzada romana que unía la actual Herrera de Pisuerga con Castro Urdiales; que en acumulación de historia no es tacaño nuestro valle, antes al contrario. Por el lado de poniente podemos ver los montes de Ordunte que parecen suaves al compararlos con los escarpados, rocosos y algo furiosos Montes de la Peña que ocupan el linde levantino de la vaguada aportando fuerza a las vistas. Predominan el verde, los colores suaves y discretos de sus casas y el ocre de las piedras de torres e iglesias ahítas de siglos de historia.

Aunque la primera actividad humana en Mena es prerromana, nos vamos a centrar en los tiempos en los que se crea su verdadera y más relevante personalidad y que comienzan con la reconquista allá por los comienzos del S VIII en la Alta Edad Media. El matrimonio compuesto por unos propietarios locales, Libato y Muniadona, tuvo dos hijos Vítulo que fue Abad y Ervigio, sacerdote.
El Abad Vítulo fue especialmente activo en la fundación de conventos e iglesias y en la promoción de la figura jurídica de la presura. Para fijar la población y avanzar en el control del terreno reconquistado se utilizaba la presura con la que en nombre del rey, la posesión y cultivo de tierras abandonadas permitía el acceso a la propiedad. Eso generó una sociedad de hombres libres y propietarios de gran dinamismo que supuso que la castellana fuese una sociedad capaz de afrontar todas hazañas que llevó a cabo. Las torres militares, frente a las razzias moriscas, monasterios e iglesias completaban un sistema de intereses compartidos, como la defensa y la fe, que nada tenía que ver con el feudalismo europeo.
Aún tenemos varios ejemplos de magnifico románico y vamos a hablar un poco de esos monumentos.
Uno de ellos es la iglesia de San Lorenzo de Vallejo que perteneció a la Orden de San Juan de Jerusalén y que destaca por la gran calidad de su arquitectura y de su especial escultura ornamental. Así mismo hay que decir que es difícil decidir si entre exterior e interior hay uno que está por encima del otro. Precioso ábside exterior con cinco ventanas iguales y en la parte central una galería superior muy poco frecuente llamada andito. Por dentro ábside y presbiterio se rematan con excelentes bóvedas de crucería.
De gran calidad y prestancia también vemos la iglesia Santa María de Siones y la más modesta de San Pedro de El Vigo pero que te gana por la gracia y personalidad del humilde tímpano de su portada.

Quedan 15 torres de defensa en distintos grados de conservación, siendo el castillo de Lezana de Mena el más relevante. Además desde la fortaleza uno se puede acercar caminando por un bonito sendero hasta alcanzar las cascadas del nacimiento del rio Cadagua.
EL VALLE DE VALDIVIELSO
Si se parte de Villarcayo, cabeza de la Merindad de Castilla la Vieja, no hay gran trecho para alcanzar Valdivielso y en el camino se puede el visitante demorar tomando a la izquierda, hacia el este, para visitar Bisjueces; en su iglesia están las estatuas de los primeros jueces de Castilla Nuño Rasura y Laín Calvo que impartieron justicia sin que hubiera que desplazarse hasta la corte de León; fue el germen del Condado de Castilla. Si el desvío de la ruta se produce hacia la derecha se puede disfrutar del romántico y apacible Valle de Manzanedo por el que remansa tranquilo el Ebro y entre cuyo románico destaca la iglesia de la pequeña aldea de Crespos. Río que se vuelve a retorcer con brío y nervioso al verse obligado a discurrir por el angosto espacio que le permite el espectacular desfiladero de Hocinos, para volver a la calma al entrar en Valdivielso a través de esa puerta que es Valdenoceda.

Antiguo caserío disperso ya en la época de los romanos y que ofrece la visión del conjunto que forman la hermosa iglesia de San Miguel Arcángel y la esbelta torre de los Salinas; primera de los tres baluartes que se encuentran en caseríos contiguos y próximos y que son expresión viviente de las duras expediciones musulmanas como la del 823 de Abd al – Rahmán II.

Cerca, en el paraje llamado Puente Arenas, se encuentra una de las iglesias más singulares y personales del románico español; la de San Pedro de Tejada. Templo que se estira y eleva elegante queriendo llamar a las puertas del cielo cuando la habitual en esa época era más bien la humildad de las dimensiones más reducidas; estamos hablando del primer románico. Y para no escamotear, torre, ábside, portada y esculturas como canecillos o representaciones humanas son admirables. Merece la pena ir despacio observando uno a uno hasta ser sorprendidos de repente por una ventana con tres lóbulos.
El Ebro avanza ya tranquilo, entre preciosa flora y escoltado por las sierras que limitan el valle y es placentero ir con él en demanda de otras tierras siempre una más al levante que la anterior. Al final el viajero encuentra dos sugerentes alternativas; tomar una carretera a su izquierda buscando un poco de norte y continuar en Las Merindades recorriendo los Valles de Tobalina y Losa. O seguir hasta Oña, la puerta de la Bureba, y ver allí el importante Monasterio de San Salvador de cuyas construcciones nos queda hoy la más gótica. Además de la iglesia y el claustro, se puede conocer la gran concentración de condes y condesas castellanos, reyes y reinas navarras y de Castilla que allí descansan en preciosos sepulcros de piedra labrada bajo esculpidas losas que son también piedras de historia. En fin, ha sido toda una propuesta diferente.

