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EL SOMBRERO DE TRES PICOS

  • Categoría de la entrada:CULTURA
  • Tiempo de lectura:13 minutos de lectura

Manuel de Falla, Picasso, Massine, Diaghilev se dan cita en este genial episodio creativo que incorpora música, pintura, baile y que es la creación de una obra de arte global:  EL SOMBRERO DE TRES PICOS

Los encuentros y los viajes

Una noche de la primavera de 1916 se celebraba una agradable y entretenida velada en la casa madrileña del matrimonio Martínez Sierra, amigos de Manuel de Falla.  Serge Diaghilev y Leonide Massine, empresario y coreógrafo y bailarín de los Ballets Rusos respectivamente, acompañaban a  los Martínez Sierra, a Manuel de Falla y a Igor Stravinsky. Estos dos amenizaban la noche con el piano. El ruso con su tema «Las Bodas y el gaditano» con lo que entonces era una corta pantomima denominada «El Corregidor y la Molinera»; basada en la obra de Pedro  Antonio de Alarcón y que devendría en El Sombrero de Tres Picos, con libreto de María Lejárraga, esposa de Martínez Sierra.

Diaghilev y Massine, que con los Ballets Rusos hacían una temporada en España aceptado una invitación personal del Rey Alfonso XIII, quedaron maravillados por la obra de Falla. Diaghilev le propuso convertir esa pequeña obra en un ballet completo; El Sombrero de Tres Picos.

Rusia y España en esa época eran países  con un potente movimiento musical desarrollado dentro de sus propias tradiciones y folclore. En Rusia el Grupo de los Cinco y en España Turina, Albéniz, Granados, Falla, etc; el proyecto tenía sentido.

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Figurines diseñados por Picasso.

Una vez que Falla aceptó la propuesta, iniciaron los tres un viaje por la geografía nacional en busca de música popular y tradicional para adaptarla al nuevo ballet.  Córdoba, Sevilla, Granada, Zaragoza y también Cataluña y Madrid. De una música que tocaba un ciego en Granada se serviría Falla para crear un trozo de la Sevillana de la segunda parte;  y un baile del gitano Félix Fernández en un café de Madrid inspiró algunos acordes de «La farruca»

Vamos, un buen plan y productivo eso de ir “de flamenquito”.

En 1917, DiaghilevMassine van de gira por Italia con los Ballets Rusos. En este viaje se llevaron a Pablo Picasso quien quedó encantado e impresionado con Italia y con una bailarina del ballet ruso de la que se enamoró y a la que decidió seguir durante todo el verano. Era Olga Khokhlova, con la que se casó al cabo de un año. Además de una novia, Picasso ganó el encargo de Diaghilev de incorporarse al proyecto de El Sombrero de Tres Picos para hacer los decorados, el telón de boca, los figurines y los maquillajes.

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Aspecto goyesco, formas y colores picassianos

Ya estaba formado el equipo que estrenaría la obra en 1919.

Un irrepetible grupo de grandes artistas que trabajaron juntos y en paralelo: composición, coreografía, decorados y ambientación crecieron como hermanos. Falla componía en comunicación con Massine que en Londres comentaba a Picasso los avances de las danzas, quien adaptaba los decorados simultáneamente con los pasos de baile de Massine.

La música

Falla había compuesto una pantomima breve comentada más arriba. Para hacer el ballet completo hizo una versión y luego una segunda  versión  tras las sugerencias de Massine para que el baile resultase más coreográfico.

Falla, que pensaba que cada país tiene que crear su propia música, sale en busca de las fuentes y tradiciones populares huyendo del “tipismo”,  escapando del “typical con traje de gitana” y evitando, por ejemplo, el abuso de las castañuelas (las que suenan son sugerencia de Massine).

Más que tipismo podemos hablar de tradición goyesca.

Por ejemplo, en la danza final aparece (y se escucha) el manteo del corregidor sacado del cuadro de Goya «El Pelele»  así como el estandarte que se ve en «El Entierro de la sardina.»

Hay que mencionar como a lo largo del ballet se va generando unos acordes, crece un fraseo, que tendrán su apoteosis en la extraordinaria jota final.

Goya El Pelele
Francisco de Goya - El Pelele (1791-1792)

La coreografía

Diaghilev y Massine pensaban en un ballet con músicas populares de las fiestas españolas.

En Sevilla, Falla les lleva a un café para ver bailar a un joven gitano llamado Félix Fernández, al que incorporaron al equipo y se lo llevaron primero a Madrid y después al extranjero. Tenía especiales dotes para el baile flamenco y transmitió y enseñó a Massine los secretos de nuestro baile que el ruso absorbió perfectamente  a la vista del resultado. Y cuya máxima expresión sería (a mi parecer)  la plasticidad de «La Danza del Molinero». Música y baile expresan todo el sentido de la historia narrada.

Breve resumen de la obra realizado por el Ballet Nacional de España. Se pueden contemplar el decorado y los vestidos a pesar de su brevedad.

El escenario

Picasso realizó  los decorados para el escenario en una nave cercana a Londres. En su evolución  esta obra supone un alejamiento del cubismo extremo para pisar terrenos neoclásicos, influenciado seguramente por el viaje a Italia, y una vuelta al tema tradicional español. La preocupación por lo tradicional y lo español se aprecia, a partir de esta obra, en sus series taurinas.

El decorado, en tonos claros, es un pueblo con puente y visión de casas al fondo. En la novela de Alarcón en la que se basa el libreto, los hechos se situaban en  su pueblo, Guadix.  El decorado de Picasso, de una modernidad nada agresiva, perfectamente podía ser también Guadix. Un sencillo pueblo español. El público en los estrenos, esperaba ver algo cubista y sin embargo se encontraba con una bella y sencilla modernidad española.

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El Escenario

El telón

El telón representa una escena de personas asistiendo a una corrida de toros vestidas  según la moda de siglo anterior y mostrada en cuadros de Goya, en consonancia con el tema tradicional español que Picasso comenzaba a desarrollar.  En concreto existe semejanza con algún cuadro de I. Zuloaga denominado Víspera de la Corrida. Es una preciosa expresión de la figuración no cubista, realzada con la introducción compuesta por Falla para su contemplación.

Tras haber estado muchos años en el restaurante del Four Seassons  se encuentra en el Museo de la New York Historical Society en Central Park.

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El Telón (boceto), el Ruedo

Figurines y maquillaje

Los trajes son unas elegantes exaltaciones de lo español. En palabras de Salvador de Madariaga cada traje por sus líneas y colores posee tanta movilidad como los bailes del conjunto. Picasso consigue una síntesis del baile con la pintura.

Podemos decir que además del origen goyesco, pero de un “goyismo” de Picasso, algún traje nos recuerda a otro tema picassiano como es «El Arlequín». Y de otros trajes, me atrevería a decir que pueden ser perfectamente fuente de inspiración para diseñadores actuales.

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Imaginar con maquillajes de colores

Los trajes además de belleza, vistosidad y modernidad se adecuan perfectamente a cada personaje. Son coherentes con la personalidad del papel que representa cada uno.

Los trajes de los dos bailarines principales, el molinero y la molinera, presentan cierta sobriedad. Para el resto de los personajes, Picasso apuesta por una fiesta de color, en vestidos y maquillaje,  que alcanza su climax en la apoteósica jota final.

Representación en Ópera de Paris (2009)  Incluye la danza del molinero

Los estrenos

El gran día fue el 22 de julio de 1919 en Londres. Fue un verdadero éxito el conjunto de toda la obra.

Lamentablemente tres días antes del estreno Falla recibió un telegrama avisando del mal estado de salud de su madre y tuvo que regresar precipitadamente a Madrid. No pudo asistir el estreno y tampoco llegó a tiempo para despedirse de su madre. Quedó el consuelo del gran éxito internacional.

En Madrid se estrenó el 5 de abril de 1921 en el Teatro Real. Con éxito en general y alguna pequeña crítica por una excesiva modernidad para un tema tradicional.

En medio de ambas funciones, se presentó el 3 de enero de 1920 en París. Esta vez sí, con la presencia de Manuel de Falla.

Ese mismo año también en París se estrenó el ballet de Igor Stravinsky «Le Chant Du Rossignol» con decorados y figurines de Henri Matisse. Imaginen el “morbo”  del duelo Picasso y Matisse o Matisse contra Picasso. Si pensamos que en 1920 quedaron en tablas, hay que decir que “según sentencia del tiempo” y con base en el número de representaciones a nivel mundial con el formato original,  el claro ganador ha sido EL  SOMBRERO DE TRES PICOS.

J.A.G-A.

Hemos consultado el catálogo que sobre este tema tiene de la Fundación Manuel de Falla de Granada . Es extraordinario y se puede adquirir on line en su página web

También hemos tenido acceso al catálogo que publicó la Fundación Juan March con motivo de la exposición de 1993 (agotado) se puede consultar on line.

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Gabriel Echánove Orbea

    ¡Buenísimo! Muy interesante.

  2. Jose García Albi

    De verdad es una historia apasionante

  3. Jesús María

    De admirar la obra en si y el trabajo que se ha realizado digno de todo mi reconocimiento.
    Ánimo y a seguir por este camino

    1. Iberianstyle

      Gracias. Nos esforzamos por ofrecer propuestas de interés para el lector

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