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CATALINA DE ERAUSO, LA MONJA ALFEREZ.

  • Categoría de la entrada:COLABORACIONES
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Era 1626 cuando en una animada y vital Roma, el Papa Urbano VIII concedía a una mujer la singular licencia de vestir de hombre, incluso con hábito, y de utilizar el nombre de Antonio. Tan curiosa concesión se le otorgaba a Catalina de Erauso, la Monja Alferez.

Una historia del Siglo de Oro español en América.

Nacida en San Sebastián en 1585 era Catalina de Erauso Galarraga la menor de seis hermanos. Pasó infancia y adolescencia en el Convento de las Dominicas de su ciudad, donde la ingresaron sus padres a los 4 años. De allí se escapó con 15, sin haber  profesado, tras ser maltratada por una monja mayor. Se ocultó tres días antes de poder salir con el atuendo y el pelo de un muchacho y de recorrer España de norte a sur viviendo múltiples peripecias. Finalmente se  enroló como grumete en una nao que partía de Sanlúcar de Barrameda para América. Se desembarcó en Panamá con 500 pesos que le había robado al capitán y el nombre de Francisco de Loyola.

Mapa Juan de la Cosa, Tordesillas
El mundo de 1492 según Juan de la Cosa. Tordesillas

Comienza su primera etapa americana en 1603 y la concluye en 1624. En total 21 años en los que Catalina demuestra al mundo que era una persona de armas tomar; con espada y daga acabó con una docena de hombres en distintos lances y pendencias de juego.

Contratado por un comerciante llega a Perú. Primero a Saña en donde le corta la cara y apuñala a un pendejo. El empresario le manda a Trujillo pero mata a un hombre. Eso ya fueron palabras mayores para ser defendido por el comerciante que le tenía contratado.

Naipes del S XVII. Museo Fournier
Baraja del Siglo XVII . Museo Fournier

Viaja a Lima y tras diversos acontecimientos decide que lo mejor es cambiar de tierras. Se alista como soldado en unas compañías que se estaban formando con destino a Chile, que andaba entonces algo revuelto. El “soldado” Alonso Díaz Ramírez de Guzmán desembarca con las tropas en la ciudad de Concepción, en la que casualmente ejercía de secretario del Gobernador el capitán Miguel Erauso. Con él compartió amistad tres años sin que este se percatase de que en realidad era su hermana pequeña. A punto estuvieron de compartir algo más, ya que Miguel pretendía a una dama a la que también la monja puso en su punto de mira y la amistad se acabó.

Catalina de Erauso. Procesión en Lima
Procesión en Lima

Entra en combate en Valdivia. Y es nombrado alférez por su gesta al recuperar, de manos de un cuantioso enemigo, en solitario, la bandera del batallón cuando las cosas se estaban poniendo muy feas para ellos. No fue la única acción heroica y valerosa que realizó con las tropas españolas, hubo otras.

Tras la batalla, y de vuelta a Concepción se vio, “la pobre”, en la necesidad de pasar casi 8 meses en una Iglesia por acabar con la vida de dos personas por disputas de juego,  así como con la de su propio hermano en un lance en el que ambos eran testigos de un duelo; la oscuridad y el embozo hizo que no se reconocieran. En las iglesias no podían entrar los alguaciles y corregidores a detener a nadie (sólo a rezar), por lo que era muy habitual refugiarse en ellas tras este tipo de sangrientas correrías.

Catalina de Erauso

Resulta muy interesante descubrir todo lo creado en Hispanoamérica en tan sólo los 111 años que separan la llegada de Colón y la de la Monja Alférez.

Con esas vastas extensiones, una orografía difícil, ausencia de vías de comunicación y de infraestructuras preexistentes, llama poderosamente la atención encontrarnos con ciudades prósperas,  bien construidas, de comercio dinámico. Ciudades con catedrales, conventos, audiencias, palacio del  gobernador y un sistema judicial plenamente establecido. A esto todo contribuyó la gran tradición marinera española que organizó una eficiente flota que recorría toda la costa del Pacífico con mercancía y personas. De hecho vemos también a nuestro personaje luchar duramente contra la flota holandesa que atacó Lima.

Pero con las personas que viajaron desde España también llegó ese Siglo de Oro espectacular  y vital, culto, creador y con esos personajes propios de él. La picaresca, los aventureros, las trotaconventos, la  gran afición a los naipes, a las canciones, al vino y a las tabernas; como consecuencia de todo eso a los lances de capa y espada de nuestra literatura, trasladados ahora a las provincias de ultramar.

En ese entorno Catalina escapa en mula de esa iglesia de Concepción en lo que será un movidito periplo por esas ignotas tierras  para llegar a Valdivia,  a Tucumán, Potosí, Charcas. Batalló contra el alzamiento criollo de Potosí, mató a dos bandoleros y se escapó cuando tomada, como parecía, por hombre, la quisieron casar con sendas doncellas.

Catalina de Erauso. Prospera ciudad de Lima a comienzos del XVII
Prospera ciudad de Lima a comienzos del XVII

En La Plata (hoy Sucre) y estando al servicio de Doña Catalina de Chaves, señora muy principal, esta tuvo un desencuentro con otra dama, Doña Francisca Marmolejo que propinó un zapatazo a la de Chaves. Una noche a Doña Francisca un “extraño indio” le rajó la cara de lado a lado con una navaja de barbero. Está claro en donde se puso la sospecha; denunció su rival y de paso a su criado. Como no se pudo probar, la Marmolejo obtuvo además del siete en el rostro una condena en costas. ¡Qué así se las gastaban!

La vida sigue de esta guisa, de ciudad en ciudad, de pendencia en muerto y de muerto en condena y fuga. Hasta que, por fin, en Guamanga el Obispo le salva de ser detenida y Catalina confiesa  a su Ilustrísima su verdadera historia y condición. El Obispo la protege. Tras pasar una temporada en el Convento de las Clarisas regresa en 1624 a una España que toma ya por celebridad a la protagonista de tamaña aventura.

Madrid 1630 Catalina de Erauso

Viaja por España e Italia en donde es recibida en sociedad con la curiosidad propia de la época y de la epopeya personal. El Rey Felipe IV, en audiencia, le otorga una renta anual de 800 escudos por los servicios militares prestados.

Con la renta anual y la licencia papal, el ya Antonio Erauso se embarca de vuelta a América; en concreto para Veracruz (México). Una familia de renombre,  sabedores de que en realidad se trataba de una mujer, le encargaron el cuidado y custodia de su bella hija durante el viaje, hasta entregarla a la familia del que iba a ser su marido. Catalina/Antonio se enamoró de tal manera de la joven que retó a duelo al pretendiente. De no ser por los consejos e insistencias de su nuevo círculo de influencia, hubiese regresado a la vida de capa y espada.

Murió enfermo  Antonio de Erauso, como arriero (transportista en su caso de tejidos) en la ciudad de Cuitlaxtla de México en el año del Señor de 1650.

Catalina de Erauso

José Antonio García-Albi

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