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1923 EL LIBRO DEFINITIVO

  • Categoría de la entrada:CULTURA
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Celebramos la publicación de un libro fundamental sobre la historia de España. Un libro de historia que aporta luz y nuevos datos sobre un acontecimiento clave para España y su historia. Hablamos con su autor.

1923 EL GOLPE DE ESTADO QUE CAMBIO LA HISTORIA DE ESPAÑA

Roberto, Eres profesor de historia política. ¿Qué abarca esa asignatura exactamente? Lo digo porque desde las “polis” griegas…

Justo comenzamos por las «polis» y abarcamos la historia de las ideas, de las instituciones y de los actores políticos hasta nuestros días. Aunque yo tengo un planteamiento un poco más original, al introducir en mi asignatura las formas y la práctica políticas de los pueblos prehistóricos. Forma parte de una vieja afición que se me despertó durante la carrera de Historia, pero también resulta útil para contemplar que «gobierno» y «sociedad», si bien son cosas distintas, van inextricablemente unidas.

Tus libros están dedicados a la política de la primera parte del pasado siglo. Al periodo más convulso, tal vez. ¿Cuál es la razón de este especial interés?

Roberto Villa García
Robero Villa García

Desde el doctorado me especialicé en crisis, quiebras y transiciones a las democracias en perspectiva comparada, pero volcándome en el caso de España, cuya edad contemporánea es, al respecto, muy rica. Como historiador español, siempre me pregunté por qué nosotros no logramos, como otros países europeos que se mantuvieron neutrales en la Gran Guerra, transitar del liberalismo constitucional a la democracia liberal. 

Por eso, comencé a estudiar la Segunda República, que en mi época de estudiante se nos presentaba como la primera democracia española. Tras dedicarme a ella década y media, me di cuenta que la respuesta a lo que buscaba no podía estar en un régimen que ni siquiera llegó a consolidarse, y que probablemente la obtendría estudiando con atención la crisis de la Monarquía liberal, entre 1917 y 1923.

¿Cómo consigues aportar en tus libros tanta información novedosa? Creo que esta es una cuestión muy relevante para los lectores.

Los historiadores que venimos de estudiar la Segunda República, estamos acostumbrados a un nivel de detalle en el conocimiento de los hechos históricos del que carecemos para la mayoría de las épocas de nuestra Historia. Pronto pude darme cuenta que, de 1931 hacia atrás, ni siquiera los hechos están bien establecidos. Es fácil de entender si se observa que, desde hace décadas, la Historia Política no ha sido una línea de investigación prioritaria entre los historiadores, y el individualismo metodológico que defiendo como la mejor manera de conocer el pasado tampoco se practica habitualmente en la academia

Hay un prejuicio de origen ideológico. Desde el llamado «materialismo histórico», en boga en la España de los setenta y en el clima «intelectual» de la Guerra Fría, se tachaba a los historiadores de la política y a sus preocupaciones científicas de «liberales», «burguesas» y «reaccionarias».

Por favor, describe en términos generales para nuestros lectores el contenido del libro.

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1923 El libro definitivo

«1923. El golpe de Estado que cambió la Historia de España» no es en puridad la historia de aquel golpe indudablemente trascendental, y al que se le dedican los tres últimos capítulos con una minuciosidad buscada a propósito, con el fin de que el lector pueda vivir casi hora a hora aquella trascendental revolución. 

El libro es, ante todo, la primera obra monográfica sobre la crisis y quiebra de la Monarquía constitucional y parlamentaria más longeva de nuestra Historia. Trata de contestar a la pregunta de cómo fue posible que un sistema político consolidado como aquel, que había pasado por durísimas pruebas –las guerras civiles de los años setenta del XIX, la insurrección separatista en Cuba y el conflicto con Estados Unidos de 1898 que acabó con la escisión traumática de las provincias ultramarinas, las oleadas revolucionarias del cambio de siglo, la dificilísima neutralidad de la Gran Guerra o el desastre de Annual de 1921–, sin embargo cayó con tanta facilidad en septiembre de 1923. 

Realmente, nunca lo entendí y pensé que, como me habían enseñado, el factor clave del advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera fue que la Corona, la válvula de seguridad de todo el sistema, se desentendió de su misión. Es decir, que antes yo también pensaba que Alfonso XIII había sido la clave de la crisis y la quiebra de la Restauración. Mi percepción comenzó a cambiar con un libro anterior, «1917. El Estado catalán y el Soviet español», y ahora tengo muy claro que la tesis tradicional, tan popularizada todavía hoy, es totalmente errónea.

Vamos a matizar que el periodo histórico narrado comienza en esta obra en 1921, año del desastre de Annual. La guerra de África fue una de las cuestiones con las que justificaron el golpe. El otro pilar del mismo, viene de 1917 pero aquellos acontecimientos ya están recogidos en esa obra tuya.

Habitualmente suele asociarse la quiebra de la Monarquía liberal al desastre de Annual, sin tener demasiado en cuenta que entre ambos hechos median más de dos años. Realmente, España no fue en esto un caso excepcional. Los británicos sufrieron cuatro célebres desastres en sus intervenciones coloniales, y lo mismo les ocurrió a franceses, italianos o portugueses. Lo que el lector descubrirá con este libro es que el sistema constitucional no cayó por un enfrentamiento entre «políticos» y «militares», como se ha solido apuntar con notoria simplificación. Ni los políticos estaban unidos entre sí, ni los militares tampoco formaban un «partido»

Pero es verdad que, como dices, sin el conflicto marroquí es imposible entender el grado de cohesión que alcanzó un Ejército, hasta entonces muy dividido, en su oposición al Gobierno de la Concentración Liberal y, singularmente, a la política marroquí del ministro de Estado, Santiago Alba, que se va a convertir, sin que el propio Alba lo pretendiera, en la «bête noire» de los militares.

Annual
Annual

Que crees que tiene mayor relevancia como generador o desencadenante del golpe ¿La Guerra de África y la política del Gobierno García Prieto sobre la misma, la cuestión y el apoyo catalán al golpe o la personalidad de Primo de Rivera?

La verdad es que la personalidad de Primo de Rivera fue el factor que explica, en gran medida, el rotundo éxito del golpe. En cuanto al generador, sin duda la política marroquí del Gobierno contribuyó a mitigar las disensiones internas dentro del Ejército y a cohesionarlo contra aquél. 

Pero el golpe se inició en Barcelona, con un grado de asentimiento y activismo en la guarnición mayor que en cualquier otra de España. Por tanto, el nacionalismo, no sólo contribuyó notoriamente a crear el ambiente apropiado para el triunfo del movimiento, sino que fue sobre todo el desencadenante y precipitador.

Tanto en algunos políticos como en bastantes militares se observa una actitud un poco desesperante; digamos frívola e irresponsable. Es bastante frecuente que haya militares que dimiten de sus puestos, que se niegan a ir a ciertos destinos, etc. Y políticos que amenazan permanentemente con dimitir, hacer que el gobierno entre en crisis por romper las alianzas. No sé, un poco como niños “pues si no me haces caso me voy”. O el militar que tiene herido su orgullito. ¿Cómo se explica esto durante tanto tiempo? Además todo para desespero del Rey.

iberianstyle Alfonso XIII
El Rey Alfonso XIII

La verdad es que el desastre de Annual y, más aún, las responsabilidades militares y políticas habían generado un ambiente de intimidación en el que nadie deseaba asumir el coste político y personal de tomar decisiones demasiado difíciles en Marruecos, en especial aquellas que pudieran ocasionar muertos y heridos. El problema es que la parálisis estaba produciendo igualmente esas bajas y, peor aún, sin visos de que valieran al menos para ganar la guerra. 

De ahí la desesperación de Alfonso XIII, que tenía una visión clara de qué hacer en Marruecos, pero que no podía ponerla en práctica por ocupar una magistratura arbitral, y no gubernativa. Al final, la quiebra de la Monarquía liberal española es un ejemplo más de que las democracias requieren, más que ningún otro régimen, mucho liderazgo. En otro caso, mueren.

Se ven por un lado los desórdenes públicos revolucionarios, sobre todo en Barcelona. Por otro unos militares inquietos, que tratan de repartir responsabilidades por el desastre del 21 y Un Consejo Supremo de Guerra y Marina (y un informe Picasso) que tiene una actuación dudosa. Un gobierno inestable fruto de alianzas y un Rey desesperado. ¿Primo utilizó hábilmente toda esta gasolina o hay un trasfondo mayor?

En realidad, Primo de Rivera no fue un “responsabilista” muy acusado, aunque es verdad que estuvo más cerca de los “junteros” y de Aguilera que, por ejemplo, de los africanistas. Y aunque él pertenecía, por tradición, al Partido Liberal-Conservador, no fue al principio un militar hostil al Gobierno de la Concentración Liberal, al que ayudó activamente al principio, en especial a desactivar un primer pronunciamiento en febrero de 1923 a resultas de la polémica que generó la gestión del rescate de los españoles prisioneros de Abd-el-Krim

Como bien dices, el origen de la rebeldía de Primo de Rivera fueron los desacuerdos crecientes con la política de orden público, si es que puede calificarse de tal, del Gobierno en Barcelona, singularmente durante la huelga revolucionaria de los anarcosindicalistas de la CNT entre mayo a julio de 1923. No obstante, sólo en septiembre puede decirse que el general rompió definitivamente con el Gobierno.

¿Es exagerado decir que la cuestión más grave es que los partidos constitucionales no supieron gestionar el movimiento revolucionario que se materializa a partir de 1917, aunque tenga antecedentes previos como el de 1909?

No es exagerado, aunque era también muy difícil gestionar dos pronunciamientos, el de junio y el de octubre de 1917, que al triunfar destruyeron las convenciones o reglas por las que se venía rigiendo el constitucionalismo español desde los tiempos de Cánovas y Sagasta. Pero también es cierto que, entre 1917 y 1923, hubo varias oportunidades para cerrar la crisis abierta en aquel año dramático de 1917, que se desaprovecharon. 

El caso español no hace sino confirmar lo que ya nos enseñara el maestro español de la ciencia política Juan José Linz: las crisis políticas que no se reequilibran acaban conduciendo inexorablemente a una quiebra de todo el sistema.

En los trabajos de la Comisión de Responsabilidades vemos que la obsesión de PSOE era apuntar hacia arriba, hacia el Rey como un intento revolucionario de terminar con el Régimen. Siendo el único grupo en apuntar en esa dirección. ¿Es relevante para explicar hechos posteriores?

El PSOE estaba en su papel de adversario de la Monarquía liberal. Su objetivo final era un régimen que los socialistas pudieran monopolizar; para llegar a él, concebían el fin de la Monarquía y la proclamación de una República que ellos denominaban «burguesa» como una etapa intermedia. Ello explica la constancia con la que los socialistas consideraban que la Corona y la persona misma de Alfonso XIII eran obstáculos que debían derribar. 

Muy influidos por el socialismo francés, de raigambre republicana, el antimonarquismo del PSOE lo alejaba de la estrategia «rallié» de otros partidos «hermanos» como el británico, el sueco, el belga o el holandés, por ejemplo, mucho más exitosos electoralmente. Precisamente, la debilidad electoral del PSOE, directa consecuencia de su radicalismo, explica también que nuestros socialistas prefirieran quemar etapas hacia su monopolio político echando mano ante todo de estrategias de desestabilización.

Digamos que confrontaban tres posturas distintas en relación a la política en Marruecos. Por una la de la de intensificar la ofensiva con la toma de la Bahía de Alhucemas. Otra, digamos intermedia, de fortalecer la resistencia y los ataques selectivos. Y, por último, la postura civilista y de retirada progresiva. Sin embargo ninguna de las tres era susceptible de llegar a buen puerto. ¿Cómo se explica que no hubiera una política válida en un asunto de tamaña envergadura nacional?

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Abd-el-Krim

En realidad, después de Annual, ya no quedaba otra solución viable que ganar la guerra, por costosa que fuera. La retirada era imposible porque convertía a Ceuta y, sobre todo a Melilla, en ciudades permanentemente cercadas y, por ello, no hubiera librado a España de nuevos combates y en una posición más desventajosa. Estaba la política de Alba de negociar con Abd-el-Krim e integrarlo en la nueva estructura de un Protectorado menos militar y más volcado en el desarrollo económico y la protección de los intereses españoles en Marruecos. 

Pero ésta la hizo imposible el astuto caudillo rifeño, que sabía que los políticos españoles, intimidados ante cualquier combate que produjera nuevas bajas, querían pactar a cualquier precio. En 1923, Abd-el-Krim pensaba que con una serie de ataques selectivos, el Gobierno de la Concentración acabaría decretando la retirada y la entrega, de hecho, del Rif al jefe de los Beni-Urriaguel.

¿Cómo te explicas la incoherencia del General Primo de Rivera? Quiero decir que primero era partidario de la retirarse de Marruecos. Luego hace anatema del ministro Alba y su política civilista y lo convierte en objetivo de su odio. Y finalmente cuando gobierna, no sólo no se retira de Marruecos, al contario, lleva a cabo el desembarco de Alhucemas en 1925.

Es curioso porque Primo de Rivera tuvo, respecto de Marruecos, una posición mucho más radical que Alba. El primero era abiertamente abandonista, algo a lo que siempre se opuso el ministro de Estado de la Concentración Liberal, que sólo era partidario de retrasar las líneas de defensa, pensando que así desalentaría los combates. En realidad, aunque Primo no había cambiado de opinión en 1923, sí que atenuó su «abandonismo» para estrechar relaciones con los sectores «africanistas» del Ejército. 

Con todo, conviene advertir que la política marroquí de Primo de Rivera cuando subió al Poder no fue, al principio, la de ganar la guerra. De hecho, paralizó las operaciones militares, abrió nuevas negociaciones con Abd-el-Krim y ejecutó una retirada hacia las proximidades de Ceuta y Melilla, una política que iba más allá incluso de lo pretendido por la Concentración Liberal. El rotundo fracaso de Primo entre 1923-1924 determinó su cambio de posición y el famoso desembarco de Alhucemas.

En relación con el apoyo catalán, ahora me refiero a la Lliga y al presidente de la Mancomunidad, al golpe de estado. ¿Cuánto del apoyo de la Lliga proviene de la doctrina de Prat de la Riba? ¿Y que la Lliga lo que hace es seguir dichas ideas?

La Lliga tenía una posición política semejante a la de los socialistas, en el sentido de que perseguía un programa de máximos que no sólo no era compatible con la pervivencia de la Constitución de 1876, sino tampoco con la comunidad política, la nación española, que sustentaba la Monarquía liberal. Los nacionalistas eran conscientes de su debilidad electoral, es decir, de que todavía estaban muy lejos de representar a la mayoría de los electores a los que apelaban, los habitantes de las cuatro provincias catalanas. Por eso, combinaban tácticas gradualistas en épocas de normalidad política, con otras maximalistas, abiertamente revolucionarias, en épocas convulsas. 

Eso explica que, en 1917, la Lliga apoyara y tratara de capitalizar el movimiento de las Juntas militares y que, en 1923, tratara de asociarse al golpe de Primo de Rivera, siempre a cambio de que éste asumiera el precio de convertir la Mancomunidad de Cataluña en un Estado autónomo, una pretensión a la que se habían negado una y otra vez los Gobiernos constitucionales, tanto los conservadores como los liberales.

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Primo de Rivera y Alfonso XIII

¿Es cierto que en 1921 Cambó aceptó retirar una propuesta de estatuto de autonomía a cambio de “sugerir” el nombre del Capitán General de Cataluña y que este fue Primo?

Primo de Rivera admiraba el liderazgo y el dinamismo de Cambó como político, pero no extendía esa admiración a la Lliga ni al nacionalismo catalán, aunque éste buscara ganarse al general a toda costa. En realidad, Primo fue a Cataluña por mediación del político hacia el que sentía mayor afinidad, José Sánchez-Guerra, que fue jefe del último Gobierno del Partido Liberal-Conservador antes de la dictadura.

Sorprende mucho que Primo no hubiese sido cesado previamente como Capitán General de Cataluña. ¿Cómo se explica?

Fundamentalmente porque el estado del orden público en Barcelona daba la razón a Primo de Rivera y hacía necesaria su permanencia, hasta el punto de que el Gobierno rectificó su política en julio y nombró un gobernador civil, Manuel Portela Valladares, que colaboró estrechamente con el capitán general para acabar con el desafío revolucionario de la CNT

Por otra parte, ya muy avanzado el verano, Primo de Rivera se había convertido en la cabeza pública del descontento militar, de modo que el Gobierno temía que su destitución pudiera desencadenar un golpe de Estado.

El Rey Don Alfonso XIII, García Prieto, Santiago Alba. ¿Cuál es tu valoración de la gestión y trabajo de cada uno de ellos en los meses previos al golpe?

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Santiago Alba Bonifaz

Los tres fallaron en sus propósitos y eso explica precisamente la quiebra final. Fracasó la apuesta tan compleja como desesperada de Alfonso XIII por combinar el reequilibrio de la crisis política que se arrastraba desde 1917 con la tentativa de solventar la división interna de los militares y su desvío cada vez mayor hacia el régimen constitucional, a la vez que promovía discretamente una política más activa en Marruecos. Fracasó García Prieto a la hora de ofrecer un instrumento de gobierno estable, coherente y resolutivo desde la izquierda constitucional, y él mismo acabó reconociéndolo en los primeros días de septiembre, cuando solicitó su relevo al Rey. Y fracasó Alba en su generoso proyecto del protectorado civil, la razón de ser de su presencia en el Ministerio de Estado, a cuyo propósito no logró sumar al siempre renuente Abd-el-Krim

Si en julio de 1923, cuando ese fracaso ya era claro, Alba hubiera cambiado su política y apoyado la reactivación de las operaciones militares -para él, contrario al «abandonismo», la única vía posible- probablemente no se habrían desencadenado la escalada de sucesos que llevó al golpe.

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Santiago Alba entre el embajador de Argentina y García Prieto.

La lapidaria frase de Sánchez Guerra al Rey, “Que gobiernen los que no dejan gobernar”.¿Indica incapacidad o refleja una agotadora y continuada actitud inasumible por parte del ejército durante los años anteriores al golpe?

Era cierto que las constantes presiones de distintos sectores del Ejército sobre los Ejecutivos constitucionales, especialmente desde 1917, complicaban la gestión de gobierno. Pero también era cierto que las cuestiones que suscitaban esas presiones habían sido provocadas por los diferentes Gobiernos y por los partidos. Por eso, esas palabras de Sánchez-Guerra, acudiendo a una frase patentada por Antonio Maura, resultan tan frívolas. Las pronunció en respuesta al requerimiento de Alfonso XIII para que, el 13 de septiembre de 1923, formara un Gobierno que tratara de taponar el golpe de Primo de Rivera

En aquel momento trascendental, en lugar de reaccionar como Eduardo Dato ante el pronunciamiento de las Juntas militares de 1917, Sánchez- Guerra se quitó de en medio. Años después, no dudaría en culpar al Rey del advenimiento de la Dictadura.

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Alfonso XIII y Primo de Rivera

Además del de Primo hubo una intentona previa por parte del General Aguilera, al que llamaban “Don Pancho”. Haber tenido un “dictador llamado Don Pancho” hubiese sido algo entre Quevedesco y Valleinclanesco. ¿Por qué esta no triunfó?

Básicamente porque Aguilera no se decidió, al no recibir el apoyo del sector antijuntero del Ejército y, en especial, de su vanguardia, los «africanistas». En todo caso, Aguilera pensaba que con su actuación al frente del Consejo Supremo de Guerra y Marina conseguiría lo mismo sin necesidad de sublevarse, es decir, a través del pleito de las responsabilidades políticas por el desastre de Annual, que Aguilera pretendía convertir en una suerte de juicio a todo el régimen constitucional y a sus hombres, que permitiría abrir un periodo constituyente que él mismo pudiera presidir. 

Sin embargo, aunque conservó su popularidad entre las fuerzas contrarias a la Monarquía liberal, a partir del mes de julio Aguilera la perdió entre los militares. Eso explica que Primo de Rivera pudiera ocupar su lugar.

Una de las conclusiones más relevante de tu libro es que parece que los partidos constitucionales dejan solo a D. Alfonso XIII frente al golpe y no al revés. ¿Es así?

Así es. El golpe de Primo de Rivera no suscitó resistencias entre los políticos constitucionales, hasta el punto que el Rey careció en aquellas jornadas críticas de una solución que oponer a los sublevados. En realidad, el golpe no hizo más que precipitar la caída del Gobierno de la Concentración Liberal, que de todas formas se daba por descontada el 2 de octubre, pues García Prieto planeaba dimitir cuando compareciera de nuevo ante las Cortes.

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Gobierno de García Prieto tras jurar ante Alfonso XIII

¿Una de las conclusiones que se deducen de tu libro es que, de facto, el 13 de Septiembre del 23 termina el régimen de la Constitución del 76 y no en el 31?

Cierto y si hubiera que hacer algún matiz a esa tesis sería la tentativa, entre 1930 y 1931, de volver de nuevo al sistema constitucional. No obstante, todos sabemos que ese retorno tardío fracasa. La quiebra tiene lugar en 1923, sobre todo porque Primo de Rivera tiene en la cabeza que su Gobierno de excepción no es sólo una suspensión temporal de la Constitución, sino que tiene que generar algo nuevo, un régimen distinto. Eso explica por qué no quiso presidir un Gobierno normal, sino erigirse en ministro único asistido por un Directorio militar.

En el golpe veo dos vertientes, una la ambición y arrogancia personal de Primo. Pero hay otra que es el amplio y transversal apoyo con el que contó. Se simbolizan en los dos viajes en tren, el triunfal del General desde Barcelona a Madrid y el agónico del Rey desde San Sebastián. ¿Pero por qué ese apoyo tan amplio y transversal?

Básicamente porque una parte significativa de la opinión pública, que había recibido bien al Gobierno de la Concentración Liberal, estaba diez meses después muy insatisfecha de la gestión de ese Ejecutivo. Gestión es incluso una palabra generosa, porque lo que se impugnaba en realidad era su parálisis ante los problemas, producto de una coalición muy heterogénea en la que sus componentes, mal avenidos, se vetaban entre sí constantemente. 

El régimen constitucional estaba sumido en una crisis de eficacia y existía una demanda de liderazgo, de gobernantes capaces de diagnosticar los problemas y encontrarles una solución adecuada. Y cuando esa demanda no se satisface por las vías constitucionales, se crea el ambiente adecuado para los caudillajes: eso es lo que ocurrió en 1923. Primo de Rivera consiguió un apoyo amplio en la opinión pública, aunque no unánime. Pero triunfó porque nadie estuvo dispuesto a defender o a apoyar al Gobierno, que se encontró completamente desasistido.

Por favor puedes “definir”· en pocas palabras a las personas clave: Alfonso XIII, Primo de Rivera, García Prieto, Santiago Alba.

Alfonso XIII sería el Rey que no pudo regenerar España por las vías constitucionales. 

Primo de Rivera, el postulante exitoso a «cirujano de hierro», con unas dotes de caudillaje nada vulgares y que han sido minusvaloradas hasta ahora.

García Prieto, un epígono frustrado de Sagasta, que intentó resucitar una izquierda liberal imposible ya de reunificar por la vía de los pactos entre notables. 

Santiago Alba, fue el hombre que trató de encarnar una salida pacífica al avispero marroquí, pero cuyo fracaso, sin embargo, unificó al Ejército contra su propio Gobierno y precipitó su caída.

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