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Palacio de los Medinilla

HISTORIAS JOCOSAS DEL PALACIO

  • Categoría de la entrada:GASTRONOMIA
  • Tiempo de lectura:8 minutos de lectura
Descubre el Palacio de los Medinilla en Úbeda, un majestuoso palacio del siglo XVI donde historia, arte, gastronomía y cocina se entrelazan. Antiguo hogar de nobles y de un misterioso chef americano con una enigmática vida en la sombra, conserva las legendarias “Cenas Jocosas”.

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas del vino a punto:
falta comenzar la fiesta.

Son Úbeda y su compañera Baeza dos joyas del renacimiento español. Y en la primera se encuentra otra hermosa joya renacentista, del siglo XVI, con singular historia y excepcional grandiosidad y belleza, el Palacio de los Medinilla.

Comience el vinillo nuevo
y échole la bendición;
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo,

Palacio de los Medinilla
Palacio de los Medinilla
Lo construyó un doctor llamado Anguís Medinilla y luego pasó a manos de un sobrino. Tuvo el palacio una vida discreta, provinciana, sin llamar la atención porque Úbeda acoge tanta monumental belleza que es difícil sobresalir y resaltar sobre otras construcciones. De modo que precisó el palacio de acudir a temas ajenos a la arquitectura para recabar la atención del personal y eso no ocurrió hasta finales de la década de los sesenta del pasado siglo cuando fue adquirido y restaurado por el matrimonio norteamericano compuesto por Francis y Jenny Guth. Según se decía habían vendido un palazzo en Venecia para comprar el Ubetense, y también según se decía, Francis era un afamado “chef” y su mujer una apasionada por la pintura que plasmaba en lienzos y platos de cerámica y que había estudiado arte en Nueva York.

El cocinero Francis era muy aficionado a disfrutar de la vida, dotó al palacio de algo de eclecticismo con buenos muebles, alguno de Le Corbusier, de valiosos cuadros que incluían un Picasso, de una lujuriosa bañera y de una bien surtida bodega con buenos caldos con los que acompañar sus creaciones culinarias que preparaba mientras su mujer pintaba platos de cerámica que habían encargado previamente al famoso alfarero Tito; hoy museo de alfarería

Tito.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
míd enlo, dámnelo, bebo,
págolo y voyme contento.
Francis Guth eligiendo vino para una cena
Francis Guth eligiendo vino para una cena

El americano invitaba a cenar a personas muy diversas de la sociedad, cuerpo diplomático, mundo artístico… Lo que dejaba sorprendido a los moradores de Úbeda, poco acostumbrados en aquellas épocas, al desfile de elegantes vestidos y lujosas joyas y brillantes diamantes. Cocinaba él recetas de lo que podíamos llamar una nouvelle cuisine anticipada a su tiempo. El matrimonio americano llamaba a esas veladas “Las Cenas Jocosas”.

Y aquí, sorpréndanse los lectores, es cuando enlazamos con los albores de la literatura gastronómica. Porque La Cena Jocosa es una creación literaria, construida en redondillas, del poeta del siglo de oro español Baltasar de Alcázar (Sevilla 1530. Ronda 1606) algunas de cuyas cuartetas acompañan a nuestras fotos de hoy.

Era el poeta sevillano disfrutón como el chef americano. Su amigo el pintor Francisco de Pacheco nos contó algo en su: Libro de Descripciones de Verdaderos Retratos de Ilustres y Memorables Varones. Es que no es abundante la información precisa sobre él; a veces se le confunde con su hermano Melchor. Ignoramos si también hubo un Gaspar.

Desgranaba en sus textos parodias anti petrarquistas junto con proclamas de antivalores burlescos. Además del tema erótico, a éste sumó el de los deleites de la mesa. Y, de entre su prosa podemos citar la obra Problemas en Disparate. Su alegre vida hizo que fuera el precursor de la literatura gastronómica ya que publicó bastantes creaciones poéticas relacionadas con la comida y la cocina, además de La Cena Jocosa. De sus aficiones él mismo nos da cuenta con unas rimas tan verdaderas y acertadas como estas:

Por nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer;
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Con tanto mesón, taberna, vinillo y cenas jocosas. Con tanto informarse y formarse para componer los epigramas dedicados a mozas disolutas como Inés, Ana, Constanza o Catalina, no creo que a nadie le extrañe si comento que nuestro vate renacentista padeció con la edad de gota y sífilis; pobre hombre.
Biblioteca del Palacio de los Medinilla
Biblioteca del Palacio de los Medinilla
Ha llegado el momento de revelar algo sorprendente en la identidad del cocinero americano, que había vendido un palazzo en el Gran Canal de Venecia para convidar a cenas jocosas en Úbeda. Francis Guth resultó ser un agente de la CIA. Por lo que además de la sorpresa por ese hecho, uno no puede evitar preguntarse por cómo llega un agente de la CIA americana a la obra de Baltasar de Alcázar y a sus poemas sobre comida y cocina. Pues seguramente debido a que Guth poseía en el Palacio de los Medinilla una importante colección de libros de cocina y gastronomía de todo tipo; es muy posible que entre sus más de 5.000 volúmenes se encontrara el del poeta sevillano.

 La ensalada y salpicón
hizo fin: ¿qué viene ahora?
la morcilla, ¡oh gran señora,
digna de veneración!

¡Qué llena está de piñones!                            morcilla de cortesanos,                                asada por esas manos                                  hechas a cebar lechones.

Fruto de las reformas del matrimonio del cocinero espía y la pintora Guth fue un jardín más toscano que andaluz.

Testimonios: Nuestra amiga Belén acudió a alguna comida, de quince platos, del chef Guth cuando era niña y recuerda con horror que le obligaban a comerse las alcachofas regadas con salsa de yogur y almendras. Y otra amiga que frecuentaba las cenas nos cuenta que su primera mujer era japonesa y que al americano le encantaba la cocina murciana, decía que era donde mejor se comía en España. Original y extravagante le gustaba dar un champagne muy malo solo para hacer la gracia de llamarle “el champagne de las putas.”

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Fue en 1988 cuando los americanos decidieron vender el palacio y encontraron compradores en Guanajuato, México. Se trataba del matrimonio Alcocer, a la sazón amigos íntimos de Mario Moreno “Cantinflas”, que gustaba de arreglar, mantener y disfrutar de casas antiguas, por lo que mantuvieron el Palacio de los Medinilla en perfecto estado. Pero con la edad, la alternancia entre Úbeda y el país azteca se hizo imposible y su dueña, ya viuda, lo vendió hace ya 18 años a los padres de la actual propietaria, que es la periodista Arantxa Neyra; quien además de atenderme personalmente publicó la historia del palacio en la prensa. En algún momento de ese proceso el Picasso debió cambiar de domicilio.

Hoy en día la familia propietaria además de su uso particular, destina jardín y salones a la celebración de bodas, eventos e incluso rodajes cinematográficos. ¡Imaginen su celebración en semejante espectacular jardín! Pero además de la belleza y espectacularidad palaciega, se sirven de los mejores servicios de catering de la provincia para los menús, lo que garantiza que todo, en una boda por ejemplo, vaya a salir extraordinariamente; ejercicio de una buena continuidad gastronómica. Enlace a su web al final del texto.

 Alegre estoy, vive Dios;
mas oye un punto sutil.
¿no pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?

¡Maestro, cuidado con el vinillo!

Monumento a la patata frita en el patio del palacio
Monumento a la patata frita en el patio del palacio

Por eso me complace explicar que tan grata experiencia que tuvo Baltasar de Alcázar con La Cena Jocosa ha mutado en tradición; ya que hoy día se siguen celebrando y cantando las redondillas en las noches de la sin par ciudad renacentista.

 ¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color!
¡Todo con tanta fineza!

Templo a Baco en la antigua bodega
Templo a Baco en la antigua bodega

Mientras su propietaria, Arantxa, atraviesa veloz la llanura manchega en el ferrocarril que le acerca a Úbeda, me cuenta por el teléfono el singular evento que se va a celebrar allí en esa noche concreta. Nada más y nada menos que doce prestigiosos chefs de nuestro país se reúnen para cocinar entre todos, como doce apóstoles, algunas de las recetas que se conservan de Francis Guth, como algunas tapas o “La sopa del Buda que saltó el muro” y el “Cojín de la bella Aurora”, para luego disfrutar juntos del deleite una verdadera cena jocosa. Increíble historia gastronómica.

La lujuriosa bañera
La lujuriosa bañera
«Tres cosas me tienen preso de amores el corazón: la bella Inés, el jamón y berenjenas con queso».

José Antonio García-Albi