Descubre el genio humorístico de Pedro Muñoz Seca, el maestro del retruécano y creador del astrakán, cuyo éxito teatral culminó con la inmortal La Venganza de Don Mendo. Explora la vida, el ingenio y el legado literario de uno de los dramaturgos más célebres del siglo XX español.
DON PEDRO MUÑOZ SECA Y DON MENDO
Qué experto era Don Pedro en hacer entendibles y dignas de la risa cosas y vocablos dislocados que aparentemente serían incomprensibles. Veamos este intercambio de información entre la Duquesa de Toro y Don Mendo, vestido de trovador:
MAGDALENA.- Es que tan mal expreséme,
doncel, que no comprendióme?
¿No miróme? ¿No escuchóme?
¿Tan poco afable mostréme
que apenas vióme ya odióme?
MENDO.- Escuchéla y contempléla,
vila, señora, y oíla;
pero cuanto más miréla
y cuanto más escuchéla,
menos, señora, entendila.
¿Quién sois que venís a mí,
a una errante trovador,
y me comparáis así
con un clavel carmesí
que es signo de vuestro amor?
Don Pedro Muñoz Seca nació como el cuarto de diez hermanos en el Puerto de Santa María en 1879 y murió asesinado en Paracuellos del Jarama en 1936, siendo uno de los más reputados autores teatrales del siglo XX. Era hijo de un procurador de los tribunales y se doctoró en filosofía y en derecho; estudiando en la universidad de Sevilla, daba clases a otros chicos para ayudarse a salir adelante.
La afición a los versos y al teatro le llegó de muy joven ya que, junto a un hermano, versificaba las lecciones del colegio para aprenderlas mejor y más rápido. Con apenas veinte años estrenó en El Puerto su primera obra República estudiantil a la que siguieron Un perfecto de pasivas y El Señor de Pilili. El éxito en Sevilla de la obra Las Guerreras le llevó ya para siempre a Madrid.
Su estilo teatral muy propio, se basaba en lo que se dio en llamar el retruécano, y la crítica lo bautizó como el astrakán; nombre que al autor le hacía mucha gracia y decía que le “recordaba a ciertos abrigos” El periódico ABC, en aquella época lo explicaba así:
“Ayer nos pareció adivinar que inician un nuevo rumbo en sus caminos […]. Del chiste comparativo, puramente quinteriano, han venido […] al retruécano retorcido, apurando hasta la saciedad una palabra de doble sentido. Con uno y otro sistema, los autores consiguen su noble propósito: hacer reír al público. Todo lo que ocurre es inaudito, inverosímil, increíble, pero está la acción aderezada con un verdadero diluvio de chistes que, a pesar suyo, provocan la carcajada del público y éste, agradecido a quienes, sin meterse en hondas filosofías, le entretienen y le regocijan durante un buen rato, rompe al final en aplausos […]” (ABC, 13 de diciembre de 1911).
Debido a la ingente producción teatral de Muñoz Seca, son unas 80 obras, es labor imposible indicar cuál es la mejor de todas, por lo que nos vamos a limitar a decir que la más famosa, la de mayores y más duraderos éxitos es La Venganza de don Mendo. Una obra, compuesta en verso con polimetría y en cuatros jornadas (actos) por la que desfilan 37 personajes además de figurantes; que ocurre cerca de León en el S.XII reinando Alfonso VII.
Hay en la obra de este autor, además de la función de hacer reír, un trasfondo literario bastante frecuente en la época como es la parodia teatral en la que no se caricaturiza la realidad sino lo teatrizado. Por eso el autor la subtitula caricatura de tragedia. Ya lo hizo Valle Inclán y el culmen lo fue Echegaray . Hubo quién se rió de Sansón y Dalila de Camille Saint-Saëns al hacer Simón es un lila. Esto hace que la visión del lector actual de Muñoz Seca sea distinta al de su época. Pero, a pesar de eso, podemos decir que la obra de la que hoy hablamos es ya un clásico y, como tal, no pierde actualidad. Ya en el comienzo de la primera jornada nos encontramos que Bertoldino recita:
Los cuatro hermanos Quiñones
a la lucha se aprestaron
al correr de sus bridones,
como cuatro exhalaciones ,
hasta el castillo llegaron.
El caso es que los cuatro hermanos amenazan a los infanzones con tomar la torre si no abren el puente del castillo. Los de dentro se ríen de ellos y contestan burlones:
Para asaltar torreones
cuatro Quiñones son pocos.
¡Hacen falta más Quiñones!
Era inevitable que muchas décadas después Camilo José Cela remarcara la identificación de la palabra del apellido de los hermanos Quiñones, con esa otra que también acaba en “ones” pero que empieza por “co”.
Para comenzar esta comedia de enredo, el conde don Nuño le dice a su hija Magdalena que ha concertado su boda con el privado del Rey, el Duque de Toro. A través de la doncella Ramírez vamos conociendo el lío, ya que esta le dice a la futura desposada:
¡Casarte tú con el duque
siendo amante del marqués!…
ser esposa de don Pero
la que de don Mendo es!…
Mendo, Marqués de Cabra, por una escala subió al torreón donde le esperaba su amada. Pero el Duque ansioso por conocer a su bella prometida, a uña de caballo se llegó hasta el castillo y encontrose con la escala colgando de una ventana que le permitió sorprenderse y enojarse al ver a Magdalena en sus aposentos y en compañía de un marqués. Entre el duque, el conde don Nuño y algunos sirvientes, tras unas delirantes conversaciones reducen a don Mendo que en un calabazo es encerrado no sin antes exclamar:
Juro, y al jurar te ofrendo,
que los siglos en su atruendo
habrán de mí una enseñanza
pues dejará perduranza
la venganza de don Mendo.
Tenemos una buena selección de los cinco escritores, que a juicio de don Pedro Muñoz Seca eran los más relevantes, son los siguientes: «Don Miguel de Unam-uno. Benito Pérez Gal-dós. Miguel de Cervan-tres. Luca de Tena, don Tor-cuatro. Benavente, don Ja-cinco». Y es que la risa, la broma, el ingenio eran algo consustancial al autor que nos ocupa hoy y que decía que «Lo único que hay en el mundo digno de estimación, después de una buena mujer, es una buena carcajada. Y quienes la produzcan con su arte, con su ingenio o su gracia, merecen la gratitud de las gentes”
En la segunda jornada. En su prisión, como un favor del carcelero, recibe don Mendo la visita de su amigo el marqués de Moncada que por si acaso, le entrega una daga; eso ocurre el día de la boda entre Magdalena y el de Toro que quiere suspenderla al darse cuenta de los pasados amores de su prometida con Don Mendo. Ella para desmentirle hace que se presenten ante Mendo quien como un caballero dijo que no había tenido nada con la dama. Para afianzar su posición, dar fuerza a sus falsas explicaciones y no suspender su boda esta maligna dijo:
MAGDALENA.- No he terminado. Un momento. Por los males que me fizo pido a todos que ahora mesmo
y aquí mesmo le empareden;
y para escarnio y ejemplo,
le dejen fuera una mano,
la mano del brazo diestro.
MENDO.- ¡Caray que bruta!
Aprovechando el jolgorio de la boda, entre Moncada y Sigüenza emborrachan a los verdugos y es uno de ellos ya muerto el emparedado con el anillo del Marqués de Cabra en el dedo. Mendo se escapa dispuesto, vestido de monje del Cister, a vivir con otra identidad, la de un trovador llamado Renato.
Era tal el éxito de Muñoz Seca, que durante muchos años fue el autor que más cobraba de la Sociedad de Autores por sus obras. Como las liquidaciones por parte de la SGAE se hacían de forma trimestral, otro autor, Calvo Sotelo se refería a Don Pedro como “el rey del trimestre”.
Era don Pedro Muñoz Seca persona de ideas más bien conservadoras y muy leal a la monarquía y a la corona, a la que defendió públicamente en todo momento; incluso en aquellas difíciles circunstancias en las que les tocó vivir a los españoles. Esa lealtad le valió que el Rey don Alfonso XIII quisiera ofrecerle, que le ofreciera, algún tipo de honor y distinción. Con su humildad y sentido del humor dijo que en su caso, en lugar de mayordomo real o guardia de corps podría ser “Palomer de Corps”. Es decir aquel que tiene el honor de cuando el Rey sale de palacio seguirle cubriéndole con una gran sombrilla para evitar que pudiera ser S.M. objeto de alguna desagradable broma por parte de las palomas.
Es la jornada tercera en la que se encuentra el meollo central de la obra. Aquí van a coincidir el Rey Alfonso VII y su esposa Berenguela, el privado del Rey y Duque de Toro con esposa Magdalena, el marqués Moncada, un bellísimo trovador llamado Renato personalidad en la que se oculta Mendo que viaja trovando en compañía de dos moras y tres judías que bailan al son de las trovas y el laúd, así como otros personajes.
La mora Azofaifa muere de amores por el trovador
AZOFAIZA.- Aquesto es, Renato, que muero de amores.
Aquesto es, Renato, que muero de celos.
MENDO.- Mora de la morería
Mora que a mi lado moras.
Pero la duquesa de Toro que viaja con su marido, y con el Rey del que es amante, con la reina y otros nobles, repara en el trovador efebo y se encapricha de él.
MAGADALENA.- Trovador soñador, un favor.
MENDO.- ¿Es a mí?
Don Pero, duque de Toro se da cuenta de que su esposa es amante del Rey y desde un matorral observa como además se cita encaprichada con el trovador. Este con sus dos moras y tres judías actúa ante la Reina Berenguela que también es presa de los encantos del doncel al que también se quiere beneficiar; que acaba citado por la noche en una cueva con reina y duquesa cita a la que acudirán, tras varios cambalaches, también Azofaiza, Nuño y todos los corneados.
Era imposible que durante la república Muñoz Seca prescindiera de la caricaturización y del humor; de modo que estrenó dos obras en la que ironizaba y trasladaba al plano del humor temas de actualidad. Una de esas obras se llamó La Oca, una sátira de algunas actividades sindicales ya que el título está compuesto por las iniciales de la Liga Ácrata de Obreros Cansados y Aburridos. También puso en escena otra titulada Anacleto se divorcia, con motivo de la promulgación de la ley del divorcio. A ambas las subtitulaba como “juguete cómico”. Como los republicanos y los del Frente Popular nunca gozaron de buen humor no perdonaron esas gracias, ni su condición de monárquico y fue asesinado en Paracuellos del Jarama en noviembre de 1936. Nunca se pudo encontrar e identificar su cadáver.
No voy a desvelar el desenlace final en la cuarta jornada que acontece de noche en la cueva indicada; una cueva a la que acudió más personal que en un estreno en la Gran Vía. Nada bueno podía pasar con tanto corneado, tanta dama a la que aplicar lo que la dueña Ramírez decía de su señora:
RAMÍREZ.- Hoy quién priva es el poeta
de las baladas divinas,
y ayer privaba un atleta…
¡Infeliz! Es más coqueta
Que las clásicas gallinas
Y con el lío que tenía montado el bello doncel del que la marquesa de Tarrasa, que acudió a la cueva tan solo acompañando a la reina Berenguela, al verle no pudo menos que decir:
MARQUESA.- ¡Qué precioss, Mare de Deu!
No vi duncel más hermoss
ni en Sitges, ni en Palamos,
ni en San Feliú… ni en Malleu.
CAE EL TELÓN
