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Avutardas

AVUTARDA. LA EMPERATRIZ DE LA MESETA

  • Categoría de la entrada:ESTILO DE VIDA
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Descubre a la avutarda, la emperatriz de la llanura cerealista y el ave voladora más pesada del mundo. Conoce su espectacular «rueda» nupcial, su hábitat en la meseta castellana y los desafíos que enfrenta esta joya de nuestra fauna frente a la pérdida de su entorno natural.

AVUTARDA. LA EMPERATRIZ DE LA MESETA

La llanura cerealista castellana alberga unas muy especiales y valiosas criaturas, las bellas e impresionantes avutardas. A cualquiera le palpita con fuerza el corazón cuando en un paseo por el campo, entre trigales y tierras plantadas de cebada, se encuentra con un grupo de aves, de un pardo jaspeado en alas y espalda, blanco el pecho y su largo cuello. Él, es hermoso y arrogante, luce importantes bigotes y un tono grisáceo en la cabeza, todo ello le dota de una inequívoca autoridad. Ella es esbelta, más fina, y se mueve con aires de buena señorita. Son las aves más grandes de la península, las avutardas. Con una envergadura de 2,5 m no pasan desapercibidas; el macho que alcanza los 18 ó 19 kg. es el ave más pesada del mundo capaz de volar; de desplazar por los cielos su moldeado cuerpo; todo un tiarrón.

Avutarda Volando
Avutarda volando

La familia de las otididae se compone de 23 ramas desperdigadas por el mundo, con excepción del continente americano que no cuenta con ninguna. En España podemos disfrutar de tres de ellas. La hubara presente en algunas islas del archipiélago canario.
La avutarda de la Castilla cerealista. Y su primo más pequeño, de tamaño medio, el sisón del que hace años que no veo ningún ejemplar; por cierto que el último bando lo pude contemplar en un lugar tan peculiar como es a través de la ventanilla de un avión accediendo a la pista de despegue del aeropuerto de Barajas, ellos posados por ahí cerca y nosotros haciendo ruido hacía el despegue. Se encuentran estos pájaros en La Mancha, Madrid y Extremadura y se supone que en Castilla y León.

La Otis tarda, la avutarda, o en habla local la avetarda, se llama así porque debido a supeso y tamaño le cuesta l evantar el vuelo, tarda en coger cierta altura. No puede estar, debido a su envergadura y peso, en lugares arbolados, ni escarpados, precisa de espacios llanos y abiertos. No son animales huidizos, aunque sí algo tímidos, por lo que ahora que se les respeta y protege se les puede ver cerca de núcleos urbanos.

Otis tarda
Otis tarda

Sentados en el porche de la casa, que mira a lo sembrados contiguos, al caer la tarde con la charla ya iniciada y el campo que comienza a prepararse para el sueño; la sensación de momento inigualable se incrementa cuando, señalando la leve loma de enfrente, puedes decir:
– Mira, allí hay cuatro.

Tras comprobar que tres elegantes hembras y un pomposo macho se pasean tranquilos próximos al pueblo; que emoción. Es en ese momento, con las emperatrices enfrente y al atardecer, cuando comprendo que con un gin tonic en la mano, estaría mucho más elegante.

En su hábitat natural se alimentan de algunas plantas, semillas cerealistas y leguminosas, así como de algunos insectos y pequeños animales; incluso en las épocas de gran abundancia por las plagas, de topillos con los que también alimentan a las crías.

Un macho y dos hembras
Un macho y dos hembras

Estas emperatrices de la llanura cerealista se van agrupando desde finales de agosto y en septiembre para pasar el otoño y el invierno en bandadas de cierto tamaño; esta es otra de las circunstancias por las que necesitan de tierras amplias y abiertas, algo que se les está arrebatando al expulsarlas de sus domicilios históricos para poner placas solares.

Ese gregarismo se comienza a diluir en febrero, para ir preparando la parada nupcial que tendrá lugar a principios de primavera. Los campos y tierras cerealistas, vestidos de verde y salpicados de amapolas y margaritas, va a ser el escenario de las bodas más espectaculares del año con las llamadas “ruedas” de avutardas. En ellas pelean los machos en un campeonato para saber a cuáles de ellos les duele más la cara de ser tan guapos. Para ello, utilizan absolutamente todas las plumas de su cuerpo, sin dejar una, duplican el tamaño del cuello y despliegan alas, cola y bigotes, hasta poder pavonearse delante de las hembras convertidos en una hermosa bola blanca y parda.

Luego llegara la puesta y la cría, época en la que conviven en grupos de población de tamaño medio hasta volver a formar los grandes en septiembre. Las hembras, si los huevos han sufrido algún ataque de zorro u de otro depredador, no pierden mucho tiempo con ellos, los abandonan y vuelven a realizar otra puesta en sus zonas de cría.

Rueda de la Avutarda
Rueda de la Avutarda

Las avutardas no suponen ni representan peligro para los cultivos. Pero para ella los riesgos y peligros provienen de los regadíos, de la caza furtiva hoy inexistente debido a su potente protección y de los tendidos eléctricos. Aunque hoy en día, y a pesar de ser una especie de especial protección, ha aparecido un peligro aún mayor que todos los demás juntos; la desaparición de su hábitat por la gran proliferación de placas solares que ocupan cantidades ingentes de hectáreas antes hogar de esta emperatrices de la meseta. Hay que pensar que dado su peso y tamaño, no son animales que recorran grandes distancias, por lo que cuando se les expulsa de un suelo que era habitual para ellas, lo tienen bastante difícil.

Avutardas al vuelo
Avutardas en vuelo

Concentrado durante mi tranquilo paseo por el campo una imagen me hace detener yobservar la escena muy quieto. Oculto y algo hundido en la cuneta un zorro observa muy ladino a un grupo de cinco avutardas que deambulan sobre el rastrojo en el cálido julio. Son dos hembras y tres crías ya terciadas, que no pueden discernir el significado de lo poco que ellas tienen a la vista; algo que pudieran ser dos orejas, un par de ojos y un afilado morro que asoman camuflados entre los hierbajos con los que concluye la cuneta del camino, no pueden saber qué es, ni a quién pertenecen. Por su parte el raposo debe estar haciendo sesudos cálculos sobre las posibilidades de éxito que tiene su empresa, mientras que yo concluyo que lo tiene muy difícil; tendría que recorrer deprisa los 70 metros que le separan de las aves, no asustarse, ni impresionarse con el batir de las enormes alas de las avutardas y conseguir enganchar a una de las crías.

Finalmente el zorrito debió llegar a la misma conclusión que yo y cabizbajo, se dio la vuelta y emprendió el camino en sentido contrario, seguramente en busca de un menú más habitual como son los conejos.

José Antonio García-Albi