¿Qué es la lógica poética? Acompañamos al poeta abulense Fernando Romera en un viaje por los versos de su último libro, donde lo cotidiano se vuelve trascendente a través de una técnica impecable y espiritual.
FERNANDO ROMERA Y SU ÚLTIMO LIBRO DE POEMAS
El poeta abulense ha publicado LA LÓGICA DEL ÁRBOL QUE ALBERGÓ A LAS AVES, su último poemario. Hablamos con él en una muy grata e interesante charla en ese centro referente de la vida cultural de la provincia de Valladolid como es La Librería La Tienda de Lope de Vega, en una villa muy de Lope como es Olmedo.
Agrupa el libro unas composiciones poéticas de gran calidad, solidez y redacción muy personal. Es que Fernando es muy meticuloso en la composición de sus versos, tanto en la forma, como en la arquitectura de su significación intelectual y poética. Se puede decir que es un cuidadoso tejedor de versos que los trata con el mimo y la delicadeza que se tienen cuando se hacen finos bordados, por ejemplo. Si fuera pintor tal vez nos recordaría a Mariano Fortuny y su bello virtuosismo técnico. El autor se integra en lo que, dice Fernando, se podría llamar “comunidad poética de Castilla”. Y nos explica:
«Juan Antonio González Iglesias, para mí el gran poeta español de nuestro tiempo sin ninguna duda, es el que en muchos casos ha sabido dar con la clave de la poesía actual y ha incorporado algunas cosas cuando los poetas iban cada uno por su lado; ha sabido recoger parte de la tradición poética e incorporar ciertas corrientes espirituales. Hablando con él sobre este libro me dijo: creo que has sabido congregar dos cosas intelectuales muy bien, que son la belleza y el bien.»
Sabemos que la poesía es una actividad intelectual y en este libro esa intelectualidad se plasma en el establecimiento, y posterior descubrimiento por parte del lector, de esa lógica que, además de servir de título para el libro, es también la propia esencia del mismo. Y es que Fernando además de poeta, profesor, etc. es un intelectual y esto queda reflejado en la charla que mantenemos con él.
Fernando ha estado catorce años sin publicar, pero no si escribir poemas algo que no ha dejado de hacer, pero dado su carácter ha ido desechando y destruyendo poemas hasta quedarse en lo que contiene “este pequeño libro sobre cosas pequeñas”, según me dice en la dedicatoria manuscrita que figura en mi ejemplar. La obra está dividida en cuatro secciones, sin que subtítulo alguno nos de pista sobre los temas o la razón de esa estructura, por lo que va a ser el lector el que experimente la aventura de descubrir el entrelazado de las significaciones poéticas que allí se contienen. Y es que el autor quiso dotar a su obra de la estructura de una composición musical, de una sonata de música clásica; así la primera parte podría ser un allegro y la segunda un adagio, de ahí que cada parte tenga temas y palabras propias. En la primera nos encontramos con una contemplación física del mundo, floral y musical como los trinos .Y así se comienza a ir descubriendo la lógica poética.
“Porque la poesía es una lógica, porque es lingüística”.
Y de entrada contemplamos como:
“El cielo es seda esta mañana. Aves
escriben un mensaje en otra lengua
y otra caligrafía en ese lienzo.
Como hojas volanderas
la palabra es un truco esta mañana,
prestidigitación y encantamiento.”
Y dentro de esa lógica poética que se va desgranando a lo largo de los poemas que componen las cuatros partes de la sonata, podemos trasportarnos a cuando
“Lo puro era sencillo y lo sencillo
delicado. Como cristales. Como
el aire que despiden las libélulas.
Como el respirar de los gorriones.”
Resulta imposible abstraerse de esa lógica.
«Hay cuestiones que son muy difíciles de traer al lenguaje. Por ejemplo ¿Cómo hablo de la belleza? ¿Cómo hablo de la muerte? Para traer al lenguaje cuestiones que son difíciles de llevar. Por eso existe la poesía al traer esas cuestiones al lenguaje, y por eso tiene un lógica”
Parte dos. Vemos temas que parecen importantes, grandes; el paso del tiempo, el amor, la muerte. Pero a lo largo de sus poemas vamos a ver como el poeta nos hace comprender que esas grandes cuestiones, en el fondo encierran cosas pequeñas. Vemos como una flor no es algo filosófico, sin embargo en ella está la belleza. Y es que a veces queremos recorrer el camino al revés; vamos contra la lógica poética.
“Son las pequeñas cosas las que nos llevan a la trascendencia, no al revés”
Y es cierto, ya que un cerezo en flor no es nada más que un cerezo pero su contemplación nos lleva a la belleza, mientras que la belleza, como concepto trascendente, no nos lleva a cerezo alguno.
Parte tres
Comienza con una manifestación, se nos muestra y se nos apare algo que es el camino; el camino de la lógica poética, que no es un árbol como pudiera parecer sino un compendio de cosas pequeñas que nos pueden llevar a lo trascendente.
Eso nos lo muestra Fernando Romera en el camino que recorremos en su libro. En el fondo, un libro de poemas no es más que unos pocos versos, pero en los de Fernando Romera descubrimos la belleza en ellos, al tiempo que de las cosas pequeñas, cotidianas, nos lleva con una lógica poética, a lo importante y trascendente.
“Me acuerdo de un perfume por el campo.
Era, lo sé, la presencia del tiempo
y la materia en un temblor de viento.
Es el espíritu en las cosas breves.”
“Lo trascendente está en las cosas pequeñas, lo trascendente supera al objeto”
Pero es el objeto lo que ves, tocas y admiras. Los pajarillos cantando dan alegría, pero es más que un pajarillo. Si quieres a alguien y se muere, ha desparecido el objeto del amor, pero no éste.
El último movimiento de la sonata recoge significaciones ya expresadas en los previos y se ve traspasada toda la melodía de sus poemas de una cierta espiritualidad. Pero indaga Fernando Romera además y nos muestra, la lógica poética a través de las dicotomías, disyuntivas, alternativas o aparentes contradicciones que encuentra tanto en el mundo clásico como en la espiritualidad. Así como en la antigua Grecia del eros y el thanatos, contrapone el chronos y el kairós, es decir el tiempo lineal y el tiempo detenido, el tiempo perfecto de los grandes acontecimientos. Y también el hecho de que sea un enorme árbol el que produce el fruto más pequeño; porque en el tiempo detenido, en el kairós, desde lo más minúsculo se llega a lo trascendente y a lo grande.
“Ni será en vano esta fractura
pues el logos es carne y es el tiempo,
el otro, el que no corre ni alimenta
la edad; el tiempo de mudarse en vino
el agua, el de la lógica del árbol
de la mostaza que albergó a las aves,
el de los ángeles y las errantes
estrellas que no entienden los astrónomos.”
El tiempo detenido del kairós, es como el tiempo navideño, en el que no es preciso comprenderlo como ocurre con la Estrella de Belén
Y toda la arquitectura intelectual del libro, como la de toda su obra, se enmarca en esa lógica lingüística, que prescinde casi por completo de referencias y apariciones de su yo poético, porque:
«Los poemas que se quedan en el yo poético no tienen importancia. El verso y el poema sí.»
“Solo el siseo de los sitios
me recuerda que un día fui poeta
y yo no soy sino un verso que escribiera y que
no rima.”
El John Taverner de nuestra poesía no cree en el “yo” como objeto poético, porque
«Se ha de fijar la atención en el poema. Los poemas se quedan ahí, pero el autor no; éste no tiene tanta importancia.»
Si quieres ver una muy interesante conversación sobre poesía, puedes hacerlo en el siguiente enlace:
Para los que vean el video les comento que, aunque no se lo crean, la intervención no estaba preparada, no habíamos hablado entre nosotros. Eso le da más valor.
Libro disponible en librerías y tiendas digitales.
